En en Día de los Enamorados, desde la Sociedad Argentina de Cardiología destacan el rol de los vínculos y las emociones.
El amor, los vínculos afectivos sanos y el manejo del estrés tienen un rol mucho más importante de lo que se cree.
En el otro extremo, la típica frase «me rompieron el corazón», lejos está de ser meramente una figura metafórica, reproducida incontables veces en el típico emoji del corazón partido en dos mitades.
La miocardiopatía de Takotsubo, llamada también “síndrome del corazón roto”, está descrita: se asemeja a un infarto, pero aquí las emociones fuertes juegan un rol determinante, ya que suele desencadenarse por un episodio de estrés intenso, como una ruptura amorosa, la pérdida de un ser querido, un diagnóstico médico grave, un divorcio o eventos catastróficos como terremotos o accidentes.
Así lo señala, en plena celebración por el Día de los Enamorados, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que busca alertar respecto al vínculo entre las emociones y el corazón. “La gestión del estrés emocional y los vínculos saludables repercuten en la salud del corazón. El ‘síndrome del corazón roto’ es real y puede impactar tanto como un infarto”, alertan.
Síndrome del corazón roto: qué es
El “síndrome del corazón roto”, consiste en una disfunción transitoria del ventrículo izquierdo que imita los síntomas de un infarto de miocardio, pero sin la presencia de obstrucciones en las arterias coronarias, informan desde la SAC.
Esta miocardiopatía, como se señaló, comparte síntomas con el infarto. Por eso pueden confundirse en una primera instancia, ya que los pacientes sienten dolor de pecho y sensación de falta de aire.
“Los signos y síntomas pueden incluir también fatiga y cambios electrocardiográficos similares a los de un infarto de miocardio, lo que hace necesario realizar estudios como análisis de sangre, electrocardiograma, ecocardiograma y cateterismo cardíaco para establecer el diagnóstico correcto”, señala Carolina Salvatori, asesora del Consejo de Cardiología Clínica de la SAC.
Por su parte, el cardiólogo Martín Fasan, médico del área de Cardiología del ICBA Instituto Cardiovascular, explica: “En comparación con el infarto, es una enfermedad menos frecuente. Habitualmente aparece en pacientes mayores de 50 años, con una tendencia llamativa: cerca del 90% de los casos se da en mujeres”.
Ese dato tendría una explicación: se daría más en mujeres postmenopáusicas porque en esta etapa se pierden estrógenos, que juegan un papel protector frente a los efectos de la adrenalina, cuyos niveles se disparan en situaciones de estrés intenso, afectando la función cardíaca, detalla Lucia Kazelian, médica cardióloga, directora del Área Corazón y Mujer de la SAC.
El síndrome fue descrito por primera vez en la década del 90 por el doctor Hikaru Sato y fue bautizado con la palabra japonesa tako-tsubo, que refiere a una «trampa para pescar pulpos» muy común en ese país. El experto usó ese término por la similitud que encontró con las imágenes de “corazones rotos” que había investigado con la vasija de barro utilizada para dichos fines.
“La parte del músculo del corazón que se dilata y deja de contraerse es la punta y en algunos casos también los segmentos medios del ventrículo izquierdo”, indica Leonardo Seoane, jefe de Recuperación Cardiovascular y Coordinador de Cardiología Crítica del ICBA.
Y agrega: «Esta falta de contracción se da en lugares del corazón irrigados por más de una arteria coronaria, es decir que el compromiso del músculo del corazón excede al territorio de una sola arteria coronaria».
El impacto del estrés
Si bien los especialistas reconocen que aún no se sabe con total precisión cuáles son los mecanismos que disparan este síndrome, en la práctica, la función de contracción del músculo cardíaco se ve afectada por un aumento de la adrenalina en sangre, que puede estar relacionado a una situación de estrés emocional, físico o cualquier condición médica que aumente los niveles de esta hormona.
«Si bien tradicionalmente se han asociado los problemas cardiovasculares con factores como el colesterol o la hipertensión, un shock emocional puede llevar al corazón a una situación de extrema vulnerabilidad, por lo que el estrés emocional también juega un papel fundamental”, enfatiza Salvatori.
“El factor emocional es clave -admite Fasan-. Situaciones como la muerte de un ser querido, una discusión intensa, una sorpresa abrumadora o incluso una alegría extrema pueden desencadenar el síndrome. Sin embargo hasta en un tercio de los casos no es posible reconocer un factor estresante”, admite.
Y añade que entre los factores de riesgo asociados a la aparición de esta patología se encuentran también las enfermedades psiquiátricas.
Un cuadro transitorio
Por lo general, el daño que produce la descarga de hormonas del estrés -como la adrenalina- en el corazón es reversible y el pronóstico suele ser bueno si se recibe atención médica y un diagnóstico adecuado a tiempo.
En general, se trata de un cuadro transitorio y luego de las medidas de sostén, los pacientes recuperan la función cardíaca y vuelven a su vida habitual, sin necesidad de cirugía. Sin embargo, “existen casos más graves que cursan con insuficiencia cardíaca y que pueden comprometer la vida”, precisa el experto.
La recuperación completa puede demorar entre 3 y 6 meses, “aunque algunas investigaciones sugieren que no es tan inofensivo como se pensaba, ya que puede generar complicaciones graves y una mortalidad similar a la del infarto”, advierte.
En esos casos, puede evolucionar hacia un shock cardiogénico, es decir, una insuficiencia cardíaca grave en la cual el corazón no alcanza a satisfacer las necesidades del organismo.
Respecto a su manejo, Seoane explica que no existe un tratamiento específico, sino que se realizan medidas de sostén.
“En caso de insuficiencia cardíaca se trata como tal, con diuréticos, en algunos casos vasodilatadores y oxígeno. En los más graves (shock cardiogénico), se puede recurrir a drogas inotrópicas endovenosas, que son medicamentos que ayudan a contraer el corazón y subir la presión arterial. Se priorizan aquellas no derivadas de la adrenalina, ya que esta es la principal causante del síndrome”, específica.
Cómo cuidar el corazón
El consejo de los expertos es simple y concreto: hay que consultar de inmediato cuando aparezcan estos signos para recibir atención médica a tiempo, obtener un diagnóstico adecuado y así reducir el riesgo de complicaciones.
Kazelian subraya la necesidad de que las personas tomen conciencia de la relación entre sus emociones y la salud cardiovascular. “Aprender a gestionar el estrés es clave para prevenir esta y otras afecciones del corazón». Desde la SAC recomiendan practicar meditación, yoga o terapia psicológica, entre otras herramientas, para poder gestionar las emociones.
Por su parte, tanto el amor romántico como el apoyo social en general pueden actuar como factores protectores frente a diversas enfermedades del corazón.
“Múltiples investigaciones han evidenciado que las personas con relaciones estables y satisfactorias presentan menores niveles de cortisol, la principal hormona del estrés, lo que contribuye a una menor reactividad cardiovascular y una reducción en la presión arterial, disminuyendo así el riesgo de hipertensión y eventos cardíacos”, asegura Omar Prieto, secretario científico del Área Corazón y Mujer, y exdirector y actual asesor del consejo de Aspectos Psicosociales de la SAC.
En esta dirección, menciona un metaanálisis sobre datos provenientes de 148 estudios con más de 300.000 participantes, que concluyó que el apoyo social reduce a la mitad el riesgo de mortalidad, un beneficio comparable al de dejar de fumar o mantener una actividad física regular, lo que resalta la importancia del entorno emocional en la longevidad y la salud del sistema cardiovascular.
Fuente: Clarín