Cardiometabolismo: el impacto de los malos hábitos en el corazón y cómo prevenirlo

Con trastornos como la obesidad y la diabetes en alza, el concepto de cardiometabolismo adquirió relevancia en la comunidad médica, ya que aborda la necesidad de realizar controles de rutina y de adoptar un estilo de vida saludable. Los detalles en la voz de un profesional

La obesidad y la diabetes ocupan un lugar central en la agenda de la comunidad médica internacional, al punto de ser consideradas dos grandes epidemias del siglo XXI.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en las últimas tres décadas, la prevalencia de la diabetes tipo 2 ha aumentado drásticamente en países de todos los niveles de ingresos”. Asimismo, para el organismo, “la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo desde 1975 en adelante”.

Como estos dos trastornos metabólicos están directamente asociados con el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, los expertos advierten sobre la necesidad de realizar controles de rutina y adoptar un estilo de vida saludable que abarque la alimentación y la actividad física.

A partir de un mejor entendimiento de la relación que hay entre los trastornos metabólicos y el riesgo de desarrollar patologías cardiovasculares surge el concepto de cardiometabolismo. Se trata de una disciplina cuyo desarrollo se expandió mucho en los últimos 5 años. Este vínculo se conocía ya desde hace tiempo, pero el avance en los conocimientos nos permitió explorar nuevas herramientas para un abordaje más integral de esta problemática.

Actualmente, los factores metabólicos como el exceso de peso y la diabetes se encuentran entre los determinantes más importantes para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. En la Argentina, considerando la población mayor de 18 años, una de cada 10 personas presenta diabetes y 6 de cada 10 algún grado de exceso de peso.

Son cifras realmente alarmantes y que se encuentran en constante aumento. Para dimensionar la gravedad de la situación, hay que tener en cuenta que entre 40 y 50% del riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular se debe a los trastornos metabólicos, según los resultados de diferentes estudios epidemiológicos.

¿De qué manera las patologías metabólicas como la diabetes y la obesidad afectan al corazón? Principalmente, a través del exceso de grasa visceral (NdeR: la grasa que se ubica en la zona del abdomen). Si bien los tejidos grasos cumplen un rol importante en el cuerpo, ya que son un reservorio de energía, aquellos que se encuentran a nivel intraabdominal, como los que rodean a nuestros órganos internos, están directamente relacionados a diversos trastornos de salud.

Esto sucede porque el exceso de grasa visceral produce una serie de sustancias que favorecen el desarrollo de diabetes (por la resistencia que genera a la acción de nuestra insulina), hipertensión arterial y un mayor riesgo de trastornos en los lípidos y de una elevada producción de triglicéridos. Pero además dañan de forma directa nuestras arterias y el músculo cardíaco.

Son diversas las patologías cardiovasculares asociadas a estos trastornos. Unas de ellas es la enfermedad vascular, como por ejemplo la enfermedad coronaria; aquí incluimos la progresiva obstrucción de las arterias que nutren a nuestro corazón y que llevan al desarrollo de la conocida angina de pecho (dolor de pecho) ante esfuerzos. A su vez, también se asocia a la obstrucción aguda de alguna de las arterias por la ruptura súbita de alguna placa de ateroma generando los cuadros típicos de infarto de miocardio. A esto se suman el desarrollo de insuficiencia cardíaca y los trastornos eléctricos del corazón como la fibrilación auricular, un tipo de alteración que genera un ritmo cardíaco irregular.

Educación alimentaria

Existen dos parámetros que pueden orientar a los profesionales para determinar la presencia de grasa visceral en el organismo: el peso corporal y la medición del perímetro de cintura. Este último indicador se asocia a la grasa intraabdominal y, en ese caso, es fundamental alertar sobre el riesgo de trastornos cardiometabólicos.

Sin embargo, una de las complicaciones de estos factores es que no se observan síntomas relevantes hasta que los pacientes llegan a etapas más avanzadas. Los pacientes pueden tener valores de glucosa, presión arterial o colesterol elevados y no presentar síntoma ni ninguna señal de alerta. De allí la importancia de efectuarse controles clínicos a fin de detectar precozmente la presencia de dichos factores de riesgo. Un examen físico adecuado, el control de la presión arterial y algunos parámetros de laboratorio son suficientes para inicialmente detectar la presencia de trastornos metabólicos.

A partir de que creció el conocimiento científico del cardiometabolismo se tomó mayor conciencia en la comunidad médica de la importancia de educar a la población sobre la relación directa entre hábitos alimentarios inadecuados y sedentarismo con el desarrollo de trastornos metabólicos que luego derivarán a problemas cardiovasculares, entre otras complicaciones.

Actualmente hay más y mejores herramientas para alcanzar un mejor control metabólico de los pacientes con diabetes, como así también estrategias farmacológicas o inclusive quirúrgicas que, integradas a una educación alimentaria, pueden favorecer al descenso de peso y a minimizar el riesgo asociado.

Un problema actual y una mirada a futuro

El aumento en la prevalencia de la obesidad y la diabetes hace prever que, en los próximos años, también crecerán las complicaciones cardiovasculares que están asociadas a estos trastornos. Un dato no menor es que, según estimaciones del Ministerio de Salud nacional, el 30% de los chicos en edad escolar tiene sobrepeso. Sin embargo, es posible intervenir hoy en este escenario complejo para mejorar la situación en el futuro.

Para revertir esto, se debería actuar en diferentes niveles. Por un lado, es importante hacer hincapié en lo que denominamos ‘prevención primordial’, que consiste en promover que la población se mantenga en un peso saludable. Se logra transmitiendo los hábitos alimentarios adecuados y la necesidad de evitar el sedentarismo. De esta manera es posible prevenir el desarrollo de las complicaciones metabólicas.

Por suerte, en estos últimos años, también se desarrollaron una serie de herramientas farmacológicas que actúan regulando a nivel de cerebro las señales tanto del apetito como de la saciedad. Eso favorece al descenso de peso en forma muy significativa. Con ello se reduce el riesgo de las complicaciones que genera la obesidad.

Algo similar sucede con los pacientes que presentan diabetes, ya que los tratamientos modernos, combinados con un plan de alimentación saludable y actividad física, permiten llegar a un control metabólico adecuado y a la protección cardiovascular.

En el ICBA, para conseguir un mejor resultado, tratamos estos trastornos desde un abordaje en conjunto con diferentes disciplinas. Conformamos una mirada integral a través de un grupo de trabajo que incluye educadores, nutricionistas, especialistas en diabetes y cardiología, entre otras especialidades, lo que permite definir la mejor estrategia para ofrecerles a nuestros pacientes brindando las herramientas de tratamiento y control más adecuadas para cada caso.

Por: Hugo Sanabria (MN 98220) es jefe de la Clínica Diabetes del ICBA Instituto Cardiovascular y jefe del Programa de Prevención Cardiovascular

Fuente: Infobae

<< VOLVER